Luis Izurieta: una vida dedicada a la música y a la Banda Municipal de Guayaquil

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Hay historias que comienzan mucho antes del primer aplauso.

La de Luis Alberto Izurieta Abarca nació en un hogar profundamente vinculado con la música. Allí aprendió, a través del ejemplo de su padre y de su tío, que el arte requiere estudio constante, disciplina, respeto y voluntad de superación.

Pianista, arreglista y director musical, inició su formación a los siete años en el Conservatorio Antonio Neumane. A los doce comenzó su carrera profesional en la orquesta Tucusito y sus Ases, donde compartió escenarios y numerosas presentaciones junto a su padre y su tío.

En 1993, con apenas veinte años, asumió la dirección de la Banda Municipal de Guayaquil. Desde entonces, ha dedicado más de tres décadas a una agrupación que considera parte de la identidad cultural de la ciudad.

En una conversación con ECURAICES, Luis Izurieta recordó los momentos que definieron su vocación, habló del legado familiar que marcó su vida y repasó una trayectoria de más de cuarenta años construida entre escenarios, disciplina, desafíos y amor por la música.

Un legado que nació en familia

Los primeros referentes musicales de Luis Izurieta estuvieron dentro de su propia familia.

Su padre y su tío, recordados músicos riobambeños, le transmitieron no solamente conocimientos artísticos, sino también una manera de comprender la profesión.

“El amor al arte, la disciplina y la superación constante que vi en mi padre calaron profundamente en mí y definieron lo que quería ser y, sobre todo, tratar de continuar con el inmenso legado que él dejó”, recuerda.

De su padre y de su tío aprendió también la importancia del “estudio constante, la disciplina, el respeto y siempre dar lo mejor en este difícil, pero hermoso mundo del arte musical”.

Aquellas enseñanzas marcaron desde muy temprano su forma de entender la música y el camino que quería seguir.

Luis Izurieta durante su juventud junto a su padre, uno de sus principales maestros e inspiración para dedicarse a la música.
Luis Izurieta durante su juventud junto a su padre, uno de sus principales maestros e inspiración para dedicarse a la música.

Los años de formación

A los siete años ingresó al Conservatorio Antonio Neumane, donde comenzó una etapa marcada por el aprendizaje y la exigencia.

Al recordar aquellos primeros años, los describe como “intensos, de mucho estudio y sacrificio”, una experiencia que fue forjando su carácter y fortaleciendo su amor por la música.

La preparación recibida durante esa etapa contribuyó a formar las bases de una carrera que muy pronto lo llevaría a los escenarios.

Sin embargo, fue un pequeño instrumento el que terminó de confirmar que la música sería el camino de su vida.

El instrumento que definió su vocación

Luis Izurieta tenía once años cuando vivió uno de los momentos decisivos de su historia.

Piluco Laínez, recordado pianista y amigo de su padre, le ofreció en venta un pequeño presintetizador, un instrumento adelantado para aquella época.

Sus sonidos innovadores llamaron inmediatamente su atención. Fascinado por sus posibilidades, le pidió a su padre que se lo obsequiara.

Aquella experiencia se convirtió en el detonante de su carrera profesional.

Un año después, cuando tenía doce, comenzó su vida como músico profesional.

Luis Izurieta en sus primeros años como tecladista durante una presentación musical.
En sus primeros años como músico profesional, Luis Izurieta comenzó a construir la trayectoria que más adelante lo llevaría a dirigir la Banda Municipal de Guayaquil.

Los primeros escenarios

A los doce años, Luis Izurieta pasó a formar parte de la orquesta Tucusito y sus Ases.

Comenzar una carrera profesional a una edad tan temprana representó una experiencia especial, sobre todo porque pudo hacerlo acompañado por su padre y su tío.

“Fue una experiencia fantástica e inolvidable haber compartido escenarios y tantas presentaciones junto a mi padre y a mi tío”, expresa.

Aquellos años también le permitieron conocer desde muy joven las exigencias de la profesión.

“La música me enseñó que nada es fácil en esta vida y, sobre todo, en la música; que nunca se deja de aprender y que jamás deben claudicar los valores, los principios y la ética profesional”, afirma.

Luis Izurieta durante una presentación con la orquesta Tucusito y sus Ases en sus inicios como músico.
Luis Izurieta (derecha) durante una presentación con la orquesta Tucusito y sus Ases, agrupación en la que inició su carrera profesional junto a su padre y su tío.

El desafío de dirigir la Banda Municipal

En 1993 llegó una de las oportunidades más importantes de su trayectoria.

Luis Izurieta tenía apenas veinte años cuando asumió la dirección de la Banda Municipal de Guayaquil. El reto implicaba conducir a músicos mayores que él y establecer una forma de trabajo para la agrupación.

Recibió el nombramiento “con mucho nerviosismo”, pero también convencido de que se trataba de una oportunidad única para continuar el legado de su padre y consolidar su carrera profesional.

Desde el primer día decidió establecer lineamientos claros.

“Siempre he tenido un carácter fuerte y eso me ayudó a implantar una disciplina férrea, tanto en lo personal como en lo profesional, a los integrantes de esa época, todos mayores que yo, obviamente”, recuerda.

“El primer día puse los lineamientos que mantengo hasta ahora y asumí el reto de cambiar para bien a la Banda de la ciudad”, señala.

Aquel momento marcó el inicio de una etapa que se prolongaría durante más de tres décadas.

Más de tres décadas junto a la Banda Municipal

Para Luis Izurieta, el tiempo dedicado a la Banda Municipal de Guayaquil representa una vida entera.

Durante estos años ha experimentado satisfacciones, momentos difíciles y algunas frustraciones. Sin embargo, al recordar el camino recorrido, prevalece la gratitud.

“Esta etapa en mi vida se la agradezco a Dios, a mis padres, y soy un agradecido total con todas las personas que me han ayudado a cimentar lo que hoy es la Banda Municipal de Guayaquil”, expresa.

“Lo vivido no lo cambio por nada”, añade.

La agrupación se convirtió así en una parte fundamental de su trayectoria profesional y personal.

Un ícono cultural de Guayaquil

Luis Izurieta considera que la Banda Municipal cumple un papel preponderante dentro de la identidad cultural de Guayaquil.

Para el director, esa posición ha sido el resultado de un proceso sostenido de trabajo y aprendizaje.

“Indiscutiblemente, la Banda Municipal es parte de la identidad cultural de Guayaquil, que se la ha ganado a pulso, con mucho aprendizaje, y ahora es un ícono de la ciudad”, sostiene.

Su propia historia profesional ha avanzado durante más de tres décadas junto a una institución que hoy reconoce como parte de la cultura guayaquileña.

Pianista, arreglista y director musical

Aunque gran parte del público lo identifica por su trabajo al frente de la Banda Municipal de Guayaquil, Luis Izurieta también ha desarrollado una trayectoria como pianista, arreglista y director musical.

“Dios me dio el don de la música y yo desarrollé el arte de tocar piano, de ser arreglista y director musical, no solo de la Banda Municipal, sino de muchos artistas nacionales”, señala.

Esa experiencia le abrió las puertas para ser convocado por numerosos artistas internacionales de distintos géneros que han visitado el país, a quienes ha acompañado como pianista o director musical.

Su carrera, por tanto, también se ha extendido a escenarios compartidos con artistas nacionales e internacionales.

Tres momentos que marcaron su carrera

Después de más de cuarenta años de trayectoria, Luis Izurieta identifica tres acontecimientos que dejaron una huella especialmente profunda en su recorrido musical.

El primero ocurrió en 1990, cuando tenía diecisiete años y fue convocado para integrar la orquesta del Festival OTI, capítulo Ecuador.

Según recuerda, en aquella ocasión fueron seleccionados los mejores músicos en sus respectivas áreas.

El segundo momento fue la organización y dirección de un espectáculo en homenaje a su padre, realizado como reconocimiento a su trayectoria.

El tercero fue también el más difícil.

Al cumplirse el primer año del fallecimiento de su padre, organizó un nuevo concierto en su memoria. Aquella presentación estuvo marcada por el dolor, pero también por el deseo de rendir tributo al artista, al ser humano y al mentor con quien compartió escenarios durante más de veinticinco años.

Los tres momentos reflejan distintas etapas de su carrera y la profunda influencia que la figura de su padre ha mantenido en su vida artística.

Los nervios permanecen

La experiencia no ha eliminado los nervios antes de una presentación.

Después de más de cuarenta años de trayectoria, las emociones frente al escenario permanecen.

“El nerviosismo, cuidar todos los detalles para una presentación impecable y la felicidad del deber cumplido son la constante en cada show”, explica.

Cada actuación continúa representando una responsabilidad. La preparación y la atención a los detalles siguen formando parte de su manera de vivir la profesión.

Al finalizar, permanece la satisfacción del deber cumplido.

Amor y pasión por su profesión

Desde sus primeros años de formación hasta su trabajo al frente de la Banda Municipal de Guayaquil, la trayectoria de Luis Izurieta ha estado marcada por el estudio, la disciplina, el respeto y la búsqueda constante de superación.

La música le permitió compartir escenarios con su padre y su tío, desarrollar su carrera como pianista, arreglista y director musical, y acompañar a artistas nacionales e internacionales.

Más de cuatro décadas después de iniciar su vida profesional, resume en pocas palabras la enseñanza que le ha dejado este recorrido:

“Amor y pasión por mi profesión”.

Luis Izurieta durante una presentación como tecladista frente al público.
Luis Izurieta ha mantenido su faceta como tecladista a lo largo de su trayectoria artística, paralelamente a su labor como director musical.

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