La Biblioteca Nacional Eugenio Espejo realizó un homenaje al poeta cuencano Efraín Jara Idrovo al cumplirse cien años de su nacimiento. En esta ocasión, la actividad formó parte del programa cultural “Hitos y Legados”. Asimismo, el evento destacó su trayectoria y su aporte a la literatura ecuatoriana.
La jornada se desarrolló el 26 de febrero, fecha en la que nació en 1926 en Cuenca. Durante el acto se presentó la actividad “Recitando a Jara Idrovo”. En ese espacio, Marialuz Albuja, Karla Armas y César Carrión ofrecieron una lectura de sus poemas. De esta manera, sus voces evocaron la profundidad estética y humana del autor.
Jara Idrovo falleció el 8 de abril de 2018, a los 92 años. Desde entonces, su legado permanece vigente en la memoria cultural del país. En 1999 recibió el Premio Eugenio Espejo en artes literarias. Además, este galardón constituye el máximo reconocimiento cultural que entrega el Estado ecuatoriano. Así, su carrera obtuvo un respaldo institucional de alcance nacional.
Fue hijo de Salvador Jara Bermeo y Leticia Idrovo Aguilar. En su ciudad natal realizó todos sus estudios. Primero cursó la primaria en el Asilo de las Monjas Catalinas y en la Escuela de los Hermanos Cristianos. Luego estudió la secundaria en el colegio Borja. Posteriormente ingresó a la Universidad de Cuenca, donde se graduó como doctor en jurisprudencia.
Desde joven mostró vocación literaria. De hecho, asistió durante varios años a la Facultad de Filosofía y Letras. Más tarde fue profesor y decano de esa unidad académica. Además, dictó Literatura en los colegios Benigno Malo y Fray Vicente Solano. En consecuencia, formó a numerosas generaciones de estudiantes.
Entre sus obras destaca “Sollozo por Pedro Jara”, publicada en 1978. Esta endecha o llanto poético surgió tras la muerte de su hijo en 1974. Sin duda, el poema es considerado uno de los más conmovedores de la lírica ecuatoriana. Asimismo, su estructura combina innovación formal y referencias musicales contemporáneas.
La producción literaria de Efraín Jara Idrovo incluye “Carta en soledad inconsolable” (1946), “Tránsito en la ceniza” (1947) y “Rostro de la ausencia” (1948). Del mismo modo, publicó “Muestra de poesía cuencana del siglo XX” (1971) y “Dos poemas” (1973). Más adelante aparecieron “In memoriam” (1980), “El mundo de las evidencias” (1980) y “Alguien dispone de su muerte” (1988). Finalmente, se sumaron “Los rostros de Eros” (1997) y la antología póstuma “Perpetuum mobile” (2017).
Este homenaje reafirmó la vigencia de su legado. Al mismo tiempo, la Biblioteca Nacional resaltó la importancia de mantener viva su memoria en el ámbito cultural ecuatoriano.
Fuente: Viceministerio de Cultura y Patrimonio
