La exposición ‘Afloramiento. Hendidura en deslizamiento’, de la artista Raffaella Descalzi, propone una nueva mirada sobre el duelo al convertirlo en un proceso de transformación sensible. La muestra se encuentra abierta al público en el Museo Municipal hasta el sábado 18 de abril, en horario de 09h00 a 17h30.
La propuesta invita a los visitantes a recorrer un espacio donde la memoria, la materia y el tiempo dialogan de forma constante. A través de esculturas elaboradas en sal, cerámica y bronce, la artista construye un lenguaje simbólico que transita entre la herida y la cicatriz, y sugiere ideas de protección, cambio y permanencia. Cada pieza revela una tensión entre fragilidad y resistencia, elementos que reflejan la complejidad emocional del duelo.
Curada por Alí Cotero, la exposición se organiza en tres momentos que marcan distintas etapas del duelo: el viaje, la herida o cicatriz y el intervalo. Cada sección plantea una lectura distinta, desde el desplazamiento inicial, cargado de incertidumbre, hasta los procesos de reconstrucción interior, donde la experiencia se resignifica y adquiere nuevos sentidos.
Uno de los elementos centrales es un tronco arrastrado por el río hasta el mar, presentado como un hallazgo arqueológico. Esta pieza conecta lo poético con lo tangible y evidencia cómo el paso del tiempo transforma los cuerpos y resignifica sus historias. El objeto, desgastado por la naturaleza, se convierte en símbolo de tránsito, pérdida y permanencia.
Además, la muestra integra elementos sensoriales que amplían la experiencia del visitante. La disposición espacial de las obras y el uso de materiales orgánicos generan una atmósfera envolvente que invita a la contemplación. El recorrido no solo apela a la observación, sino también a la conexión emocional con los procesos de cambio y adaptación.
El cierre de la muestra intensifica la experiencia sensorial. El tronco se eleva sobre una base de sal marina y se acompaña de un componente sonoro que invita a la pausa, la observación y la introspección. Este momento final propone una reflexión sobre la capacidad humana de sanar y reconstruirse a partir de la pérdida.
La exposición se consolida así como una propuesta artística que no solo aborda el duelo, sino que lo transforma en un espacio de diálogo y comprensión, donde el arte funciona como puente entre la experiencia individual y la memoria colectiva.





Fuente: M. I. Municipalidad de Guayaquil
