Volver a correr después de un esguince, retomar el gimnasio tras una lesión muscular o sentir nuevamente molestias en la rodilla cuando parecía estar recuperada son situaciones que pueden generar una pregunta: ¿por qué vuelve el dolor si la lesión ya había mejorado?
Aunque muchas personas consideran que la desaparición del dolor marca el final de una lesión, la recuperación puede requerir mucho más. Recuperar la fuerza, la movilidad, la estabilidad y la capacidad de realizar determinadas actividades es parte fundamental del proceso.
En una entrevista exclusiva con ECURAICES, el doctor Andrés Goitia, especialista en Traumatología y Ortopedia en Quito, explicó cuáles son las lesiones que suelen reaparecer, los errores más frecuentes durante la recuperación y las señales que indican cuándo es necesario acudir nuevamente al especialista.

¿Qué lesiones tienen mayor riesgo de reaparecer?
No todas las lesiones evolucionan de la misma manera. Sin embargo, algunas pueden volver a causar molestias cuando la persona retoma sus actividades sin haber completado adecuadamente la rehabilitación.
Entre las más frecuentes, el especialista identifica los esguinces de tobillo, las lesiones musculares —especialmente de isquiotibiales y gemelos—, las tendinopatías, el dolor lumbar y determinadas lesiones de rodilla.
Uno de los problemas principales es interpretar la ausencia de síntomas como una señal de recuperación definitiva.
«Un error frecuente es confundir la desaparición del dolor con una recuperación completa», señala Goitia.
El traumatólogo explica que, aunque el dolor haya desaparecido, pueden persistir dificultades de movilidad, debilidad muscular o alteraciones en el control de los movimientos. Estas condiciones pueden aumentar el riesgo de sufrir una nueva lesión.
Por ello, la recuperación debe centrarse no solamente en aliviar las molestias, sino también en devolver al cuerpo la capacidad de responder a las exigencias físicas habituales.
¿Cómo saber si una lesión realmente está curada?
Una de las principales inquietudes después de una lesión es identificar el momento adecuado para retomar las actividades cotidianas o deportivas.
Según Goitia, existen diferentes criterios que permiten evaluar si una persona ha alcanzado una recuperación funcional satisfactoria.
Entre ellos se encuentran recuperar el rango de movimiento, alcanzar niveles adecuados de fuerza, mantener la estabilidad y realizar actividades físicas sin dolor, inseguridad ni movimientos compensatorios.
También resulta importante observar cómo responde el cuerpo después del esfuerzo.
Una persona puede sentirse bien mientras camina, corre o entrena, pero experimentar inflamación, rigidez o molestias varias horas después. Esto podría indicar que la zona afectada todavía no está preparada para soportar determinada intensidad de actividad.
En deportistas y personas físicamente activas, el especialista explica que pueden utilizarse pruebas de fuerza, equilibrio, saltos y control neuromuscular.
Estas evaluaciones permiten comparar el desempeño de una extremidad lesionada con el de la extremidad sana. En determinadas lesiones se busca una simetría funcional cercana o superior al 90 %, aunque este valor no constituye una regla universal y depende de cada caso.
«Para mí, la recuperación no termina cuando desaparece el dolor; termina cuando recuperamos la función y el paciente vuelve a tolerar de forma segura las exigencias de su actividad», afirma.
Volver demasiado pronto al ejercicio: uno de los errores más frecuentes

Sentirse mejor puede generar entusiasmo por regresar al gimnasio, practicar fútbol, correr o retomar cualquier actividad deportiva.
Sin embargo, uno de los errores que Goitia observa con mayor frecuencia es intentar recuperar inmediatamente el mismo nivel de entrenamiento que se tenía antes de la lesión.
Durante las semanas de inactividad, el cuerpo puede perder fuerza, resistencia, coordinación y tolerancia al esfuerzo. Por eso, aunque la lesión haya mejorado, los músculos y otras estructuras podrían no estar preparados para soportar las cargas anteriores.
El especialista recomienda que el regreso sea progresivo, comenzando por recuperar la movilidad y la fuerza. Posteriormente, se incorporan movimientos específicos de la actividad y se incrementan gradualmente la intensidad, la velocidad y el volumen del entrenamiento.
Si después de ejercitarse aparecen dolor, inflamación, rigidez o inestabilidad, podría ser una señal de que la actividad superó la capacidad de recuperación del tejido.
¿Si vuelve el dolor, significa que regresó la misma lesión?
No necesariamente. Esta es una de las aclaraciones que realiza el traumatólogo durante la entrevista.
El dolor localizado en una misma zona puede tener diferentes causas. Músculos, tendones, ligamentos, articulaciones, huesos y nervios pueden generar molestias similares, incluso cuando la lesión original ya ha cicatrizado.
También pueden persistir alteraciones biomecánicas, debilidad muscular o una distribución inadecuada de las cargas físicas.
En otros casos, el aumento repentino de la actividad puede provocar una sobrecarga sin que exista una nueva lesión estructural.
Por eso, cuando el dolor reaparece de manera persistente, especialmente si existe inflamación, pérdida de fuerza o dificultad para moverse, es importante realizar una nueva evaluación médica.
El objetivo es identificar qué está causando las molestias y evitar tratamientos que se limiten únicamente a aliviar el síntoma.
Las lesiones recurrentes pueden convertirse en problemas crónicos

Ignorar un dolor que aparece repetidamente puede tener consecuencias a largo plazo.
Goitia explica que los esguinces de tobillo mal rehabilitados pueden evolucionar hacia una inestabilidad crónica, mientras que las lesiones musculares recurrentes pueden mantener déficits de fuerza.
En el caso de las tendinopatías, continuar sometiendo la zona afectada a sobrecargas sin corregir sus causas puede prolongar las molestias durante meses.
Asimismo, determinadas lesiones ligamentarias o meniscales de rodilla pueden alterar la estabilidad y el funcionamiento de la articulación, favoreciendo nuevas complicaciones dependiendo de las características de cada paciente.
De ahí la importancia de identificar qué está provocando la recurrencia: una rehabilitación incompleta, una técnica incorrecta, debilidad muscular o exigencias físicas superiores a las que el cuerpo puede tolerar.
¿Cuándo debemos detener la actividad y acudir al traumatólogo?
No todas las molestias durante la recuperación significan una nueva lesión. Sin embargo, existen señales que requieren atención.
El especialista recomienda detener la actividad y buscar una valoración médica cuando aparecen síntomas como:
- Dolor intenso, progresivo o que aumenta después del ejercicio.
- Inflamación importante o persistente.
- Pérdida de fuerza o sensación de inestabilidad.
- Bloqueo de una articulación o limitación del movimiento.
- Dificultad o incapacidad para apoyar una extremidad.
- Aparición de hematomas sin una causa clara.
- Deformidades, pérdida de sensibilidad o alteraciones neurológicas.
Algunas de estas manifestaciones, especialmente una deformidad, la incapacidad para apoyar una extremidad o la pérdida repentina de sensibilidad o fuerza, requieren atención médica urgente.
Goitia también señala que debe prestarse atención al comportamiento del dolor entre sesiones de entrenamiento. Si las molestias se intensifican progresivamente o cada actividad deja al paciente en peores condiciones, es necesario revisar las cargas físicas y el proceso de recuperación.
Recuperarse no es solamente dejar de sentir dolor
La recuperación de una lesión no debería medirse únicamente por el tiempo transcurrido desde que ocurrió ni por la desaparición de las molestias.
Cada paciente necesita una valoración individual que considere el tipo de lesión, su condición física, las actividades que realiza y la respuesta del cuerpo durante la rehabilitación.
Las explicaciones del Dr. Andrés Goitia ponen de relieve la importancia de completar este proceso y evitar el regreso apresurado a esfuerzos para los que el cuerpo todavía no está preparado.
La clave está en recuperar la función, reconocer las señales de alerta y corregir los factores que podrían provocar una nueva lesión.
Porque sentirse mejor es una buena noticia, pero ¿estamos realmente recuperados y preparados para volver a nuestras actividades?
