El calentamiento del océano alrededor de las islas Galápagos comienza a encender las alertas sobre uno de los ecosistemas más singulares del planeta. El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico ecuatorial y las condiciones que genera podrían alterar la disponibilidad de alimento, la reproducción y la supervivencia de varias especies emblemáticas del archipiélago.
Pingüinos, iguanas marinas, lobos marinos, cormoranes no voladores y corales se encuentran entre los organismos particularmente sensibles a los cambios que provoca un episodio intenso de El Niño.
El riesgo no comienza necesariamente en los animales más visibles. Empieza bajo el agua: cuando cambia la temperatura del océano, también pueden modificarse las corrientes, el aporte de nutrientes, las algas, el plancton y los peces que sostienen buena parte de la cadena alimentaria.
El Niño se fortalece mientras Galápagos permanece bajo observación
El más reciente diagnóstico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), publicado el 10 de septiembre, confirma que El Niño continúa fortaleciéndose.
Las anomalías de temperatura superficial del mar superaron los +3 °C en sectores del Pacífico ecuatorial oriental. En agosto, la región Niño 1+2, particularmente relevante para Ecuador por su ubicación frente a las costas sudamericanas, alcanzó una anomalía de +3,4 °C.
NOAA estima actualmente una probabilidad superior al 90 % de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno 2026-2027 del hemisferio norte.
En Ecuador, el Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (ERFEN) mantiene el seguimiento de las condiciones oceánicas y atmosféricas, mientras el Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (INOCAR) desarrolla mediciones directamente en aguas ecuatorianas.
La intensidad que alcance El Niño en el Pacífico no determina automáticamente la magnitud de sus efectos sobre Ecuador. Las consecuencias dependerán también de las condiciones atmosféricas, oceánicas y regionales que se presenten durante los próximos meses.
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¿Qué está ocurriendo en el océano alrededor de Galápagos?
El cambio ya puede medirse.
INOCAR desplegó en agosto un vehículo submarino autónomo Seaglider en la Reserva Marina Hermandad para obtener información desde la superficie hasta 800 metros de profundidad.
El equipo registra variables como temperatura, salinidad, conductividad, fluorescencia y presión.
Las primeras observaciones mostraron una profundización de la termoclina y un incremento de hasta 2 °C en la temperatura superficial del mar respecto de las mediciones realizadas en marzo de 2026.
El monitoreo se complementa con tres boyas oceanográficas ubicadas en la Reserva Marina Hermandad, frente a Esmeraldas y al oeste del archipiélago.
Además, desde finales de agosto, el B.A.E. Orión desarrolla una campaña científica de aproximadamente mes y medio en el Pacífico Sudeste. La expedición contempla 59 estaciones oceanográficas frente a la costa continental, Galápagos y la Reserva Marina Hermandad.
Los investigadores analizan temperatura, salinidad, corrientes, nutrientes, clorofila, fitoplancton y zooplancton, entre otras variables. Estos datos permitirán conocer con mayor precisión cómo evoluciona El Niño en los espacios marítimos ecuatorianos.
Cuando cambia el océano, cambia la comida
Galápagos posee unas condiciones oceanográficas extraordinarias. Las corrientes que llegan al archipiélago y los procesos de afloramiento transportan aguas frías y ricas en nutrientes hacia la superficie.
Esos nutrientes favorecen la productividad marina y sostienen una extensa cadena alimentaria.
El Niño puede alterar este equilibrio.
Cuando aumenta la temperatura superficial y se debilita el aporte de aguas frías ricas en nutrientes, puede disminuir la disponibilidad de alimento en los primeros niveles de la cadena.
El efecto puede avanzar entonces hacia peces, aves, reptiles y mamíferos marinos.
Los animales pueden verse obligados a desplazarse más para alimentarse, perder peso o destinar sus reservas de energía a sobrevivir en lugar de reproducirse.
Iguanas marinas: sobrevivir cuando escasean las algas

La iguana marina es uno de los ejemplos más extraordinarios de adaptación en Galápagos. Es el único lagarto marino del mundo y obtiene buena parte de su alimento de las algas.
Pero esa especialización también la hace vulnerable.
Cuando El Niño calienta el océano, las comunidades de algas pueden cambiar y reducir la disponibilidad de las especies que constituyen su principal alimento.
Los grandes eventos del pasado demostraron la magnitud que puede alcanzar ese impacto. En determinadas poblaciones se han documentado fuertes mortalidades durante episodios severos.
Las iguanas marinas poseen, sin embargo, una adaptación sorprendente: investigaciones desarrolladas en Galápagos han demostrado que algunos individuos pueden reducir el tamaño de su cuerpo durante periodos de escasez y volver a crecer cuando las condiciones mejoran.
Pingüinos de Galápagos: vivir en el trópico gracias al agua fría

La existencia del pingüino de Galápagos tan cerca de la línea ecuatorial es posible, en gran medida, por las aguas frías y productivas que llegan hasta el archipiélago.
Por eso El Niño representa un desafío especial.
Cuando disminuye la productividad marina, encontrar peces puede resultar más difícil. Los animales necesitan recorrer mayores distancias y gastar más energía para conseguir alimento.
Durante condiciones especialmente desfavorables, la reproducción también puede disminuir o detenerse.
Los fuertes eventos de 1982-1983 y 1997-1998 provocaron importantes reducciones en la población de esta especie, demostrando su sensibilidad frente a alteraciones prolongadas del océano.
Cormoranes y otras aves marinas también dependen de la productividad del océano

El cormorán no volador, endémico de Galápagos, habita principalmente en Fernandina y sectores de Isabela.
Aunque perdió la capacidad de volar durante su evolución, se convirtió en un extraordinario nadador y obtiene del océano los peces, pulpos y otros organismos que necesita para sobrevivir.
Cuando las presas disminuyen, las aves marinas pueden dedicar más tiempo a buscar alimento y reducir su actividad reproductiva.
En condiciones especialmente difíciles pueden abandonar nidos o desplazarse hacia lugares donde encuentren mejores oportunidades de alimentación.
Lobos marinos: el problema puede llegar hasta las crías

Los lobos marinos también dependen directamente de la productividad marina.
Cuando sus presas se vuelven escasas o se desplazan hacia otras zonas, las hembras pueden necesitar alejarse durante más tiempo de las colonias para encontrar alimento.
Esto puede afectar particularmente a las crías, que dependen de sus madres.
Los antecedentes de grandes episodios de El Niño han mostrado reducciones importantes en determinadas poblaciones, provocadas tanto por mortalidad como por desplazamientos en búsqueda de mejores condiciones.
Así, un cambio que comienza bajo el agua puede terminar afectando la supervivencia de animales que permanecen en las playas.
Corales: organismos que no pueden escapar del calentamiento

Los corales enfrentan un problema diferente.
A diferencia de peces, aves o mamíferos, no pueden desplazarse cuando la temperatura del agua aumenta.
Una exposición prolongada a temperaturas elevadas puede provocar estrés térmico y blanqueamiento. Si esas condiciones persisten, los corales pueden morir.
Galápagos conserva uno de los antecedentes más severos de este fenómeno.
Durante El Niño de 1982-1983 se produjo una mortalidad masiva de corales. De las 17 estructuras arrecifales conocidas entonces, 16 desaparecieron.
Cuando los ecosistemas comenzaban a recuperarse, el fuerte evento de 1997-1998 volvió a afectarlos.
Esto demuestra que algunas consecuencias de El Niño pueden prolongarse mucho después de que la temperatura del océano regrese a condiciones habituales.
El Niño no afecta de la misma manera a todo Galápagos
Existe una paradoja.
Mientras numerosas especies marinas pueden enfrentar escasez de alimento, las lluvias asociadas a El Niño pueden provocar una intensa respuesta de la vegetación terrestre.
Las zonas áridas pueden volverse más verdes y aumentar temporalmente la disponibilidad de alimento para algunos animales terrestres.
Pero demasiada lluvia también puede generar consecuencias negativas.
Los nidos pueden inundarse, determinadas plantas adaptadas a ambientes secos pueden verse afectadas y algunas especies invasoras pueden encontrar condiciones favorables para expandirse.
Por eso, El Niño puede generar simultáneamente escenarios muy diferentes dentro del mismo archipiélago.
¿Qué ocurrirá con Galápagos durante los próximos meses?
Todavía no existe una respuesta definitiva.
Los antecedentes permiten identificar cuáles son las especies y ecosistemas más vulnerables, pero no aseguran que El Niño 2026 vaya a repetir los impactos registrados en 1982-1983 o 1997-1998.
Cada episodio es diferente. Su intensidad, duración, distribución del calentamiento y comportamiento de las corrientes y la atmósfera terminan definiendo sus consecuencias.
Por ello, las mediciones que actualmente se realizan en aguas ecuatorianas serán fundamentales.
Los científicos seguirán observando no solo la temperatura, sino también los nutrientes, el fitoplancton, las algas, la disponibilidad de peces, el comportamiento de las especies y su reproducción.
En Galápagos, las primeras señales de un cambio profundo pueden aparecer mucho antes de que sean evidentes desde tierra. Pueden comenzar con unos grados más en el océano, una corriente que pierde intensidad o una disminución de organismos microscópicos.
Después, el efecto puede avanzar por toda la cadena alimentaria.
Mientras El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico, científicos y autoridades mantienen un seguimiento constante de su evolución y de sus posibles impactos en Ecuador. En Galápagos, los próximos meses serán decisivos para evaluar cómo responden sus ecosistemas y hasta qué punto el calentamiento del océano afecta a las especies más vulnerables.
