Colada morada y guaguas de pan: los secretos de una tradición ancestral

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Cada año, cuando se acerca noviembre, el aroma de la canela, el ishpingo y las frutas anuncia el regreso de una de las tradiciones más reconocidas del Ecuador. La colada morada y las guaguas de pan vuelven a compartir protagonismo en hogares, mercados y panaderías, especialmente durante la conmemoración del Día de Difuntos.

Pero detrás de esta combinación hay una historia que pocos conocen. ¿Sabías que algunas interpretaciones relacionan los antecedentes de la colada morada con antiguos rituales en los que se utilizaba sangre de llama? ¿O que las guaguas de pan guardan relación con las ofrendas funerarias de los pueblos andinos?

Para descubrir sus orígenes hay que retroceder varios siglos, hasta una época en la que el maíz tenía un profundo significado espiritual y los fallecidos continuaban ocupando un lugar importante en la vida de las comunidades.

Antes de la colada morada existían bebidas ceremoniales de maíz

Mucho antes de la llegada de los españoles, los pueblos andinos elaboraban bebidas a base de maíz que formaban parte tanto de su alimentación como de sus ceremonias religiosas.

Entre estas preparaciones se encontraba el yana api, expresión kichwa relacionada con una colada de maíz negro, considerada uno de los posibles antecedentes de la bebida actual.

En la cosmovisión andina, el maíz estaba asociado con la fertilidad de la tierra, los ciclos agrícolas y la relación espiritual entre las comunidades y la naturaleza. Por ello, su presencia en determinadas celebraciones tenía un significado que iba más allá de lo alimenticio.

Las bebidas oscuras elaboradas con este cereal también podían utilizarse como ofrendas dedicadas a los difuntos.

Aunque el yana api suele mencionarse entre las preparaciones ancestrales relacionadas con la colada morada, no debe confundirse con una receta idéntica a la que se consume actualmente.

¿La antigua colada morada se preparaba con sangre de llama?

Una de las curiosidades más sorprendentes sobre sus posibles orígenes está relacionada con los sacrificios ceremoniales de animales.

El antropólogo ecuatoriano Segundo Moreno explicó que, antes de la conquista española, algunos pueblos andinos preparaban una bebida ritual cuyos ingredientes incluían maíz negro molido y sangre de llama.

Esta preparación, denominada sanco en algunas referencias, se ofrecía a las divinidades durante ceremonias relacionadas con la temporada de lluvias.

En las sociedades andinas, las llamas no solo eran animales utilizados para el transporte y el aprovechamiento de sus recursos. También tenían importancia religiosa y podían ser sacrificadas como parte de las ofrendas destinadas a las divinidades.

La sangre poseía un simbolismo asociado con la vida y las fuerzas de la naturaleza.

Sin embargo, esta explicación constituye una interpretación sobre los antecedentes rituales de la colada morada, por lo que no debe entenderse como una descripción de la receta que se consume actualmente.

Lo que revela esta teoría es la importancia espiritual que podían adquirir los alimentos dentro de las antiguas culturas de los Andes.

Aya Marcay Quilla: la creencia andina de que los muertos seguían entre los vivos

Para comprender la relación entre estas preparaciones y el Día de Difuntos es necesario conocer el Aya Marcay Quilla, una celebración del calendario ritual inca dedicada al homenaje de los antepasados.

Según las creencias de aquellas comunidades, la muerte no representaba necesariamente una separación definitiva. Se consideraba que los fallecidos mantenían una presencia espiritual y continuaban formando parte de la vida colectiva.

Algunas crónicas coloniales describen ceremonias en las que los restos o momias de los difuntos eran sacados de sus lugares de descanso y llevados en procesión para recibir homenajes.

Estas prácticas reflejaban una visión espiritual en la que los antepasados conservaban un vínculo con las familias, las tierras y la comunidad.

Los homenajes también coincidían con un periodo importante del calendario agrícola. La llegada de las lluvias anunciaba nuevas siembras y el comienzo de otro ciclo de producción.

De esta manera, en la cosmovisión andina, el recuerdo de los muertos y la renovación de la naturaleza podían formar parte de una misma celebración.

La llegada de los españoles transformó la colada morada

La bebida que actualmente se consume en Ecuador es el resultado de un proceso de mestizaje cultural y gastronómico.

Durante la época colonial, las preparaciones tradicionales de maíz incorporaron ingredientes llegados de otros territorios, como el azúcar y diversas especias.

A estos se sumaron frutas americanas y plantas propias de la región andina, entre ellas el mortiño, una pequeña baya que crece en los páramos y que se convirtió en uno de los componentes más característicos de la colada morada.

La influencia española también modificó las celebraciones religiosas.

Las prácticas indígenas dedicadas a los antepasados comenzaron a convivir con las festividades católicas introducidas durante la Colonia, especialmente con la conmemoración de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.

No obstante, aunque los antecedentes culturales de esta costumbre son antiguos, no se conoce con exactitud cuándo adquirió su forma actual.

El gastrónomo Santiago Pazos ha planteado que la asociación específica de una bebida ritual con la festividad católica de Difuntos pudo consolidarse a comienzos del siglo XX.

Esto muestra que la colada morada no surgió de una única receta ni en una fecha determinada, sino de un proceso en el que se entrelazaron ingredientes, creencias y formas de conmemoración.

¿Por qué las guaguas de pan tienen forma de niños?

La palabra guagua procede del kichwa wawa, que significa niño o bebé.

Una de las interpretaciones sobre el origen de las guaguas de pan las relaciona con antiguas representaciones humanas utilizadas en las ofrendas funerarias de los pueblos andinos.

Con la expansión del trigo durante la época colonial, la elaboración de figuras mediante masas de pan adquirió protagonismo y terminó incorporándose a las celebraciones del Día de Difuntos.

Sin embargo, estas representaciones no siempre tuvieron la apariencia infantil que predomina hoy. También se elaboraban panes con formas de animales y otras figuras humanas.

Actualmente, las guaguas de pan destacan por sus decoraciones de colores, sus diferentes tamaños y, en muchos casos, sus rellenos dulces.

Su presencia junto a la colada morada refleja cómo dos expresiones de distintos antecedentes culturales terminaron formando una de las combinaciones gastronómicas más reconocibles del Ecuador.

Una curiosidad histórica: la tradición ya aparecía en escritos de comienzos del siglo XX

Aunque sus antecedentes se remontan a épocas anteriores, existen referencias escritas que permiten conocer cómo se celebraba el Día de Difuntos en Ecuador hace más de un siglo.

El escritor ecuatoriano Carlos R. Tobar registró en su obra Consultas al Diccionario de la Lengua, publicada a comienzos del siglo XX, una referencia a las guaguas de pan y la mazamorra morada asociadas con esta conmemoración.

Este testimonio constituye una evidencia documental de que ambas preparaciones ya formaban parte de las costumbres ecuatorianas de aquella época, aunque no permite establecer cuándo comenzó exactamente su consumo conjunto.

Una bebida que no sabe igual en todo el Ecuador

A pesar de ser una tradición nacional, la colada morada presenta diferencias según la localidad y las preferencias de cada hogar.

En algunas preparaciones predomina el sabor de las frutas; en otras, las especias o las hierbas aromáticas adquieren mayor protagonismo. También pueden variar su espesor, su dulzor y la forma de servirla.

Aunque su consumo se concentra principalmente en octubre y noviembre, en determinadas localidades, como Ambato, también puede encontrarse en otras épocas del año.

Las guaguas de pan presentan una diversidad similar. Sus tamaños, decoraciones y rellenos cambian según las costumbres locales.

Estas particularidades permiten descubrir diferentes maneras de disfrutar dos alimentos que comparten un lugar destacado en la gastronomía ecuatoriana.

¿Por qué algunas familias llevan colada morada al cementerio?

En distintas comunidades ecuatorianas, el Día de Difuntos conserva costumbres que van más allá de colocar flores o visitar las tumbas.

Algunas familias llevan alimentos y bebidas a los cementerios, donde permanecen durante varias horas para recordar a sus seres queridos.

Compartir comida junto a las sepulturas puede representar una manera de mantener presente a quien ha fallecido, una práctica relacionada con antiguas creencias andinas sobre la continuidad de los lazos familiares después de la muerte.

En lugares como Calderón, al norte de Quito, se han conservado manifestaciones culturales asociadas con estas celebraciones.

En otras zonas del país, la conmemoración se concentra principalmente en los hogares, donde la colada morada y las guaguas de pan acompañan los encuentros familiares.

Aunque las formas de celebrar son diferentes, todas tienen un elemento en común: el recuerdo de quienes ya no están.

Colada morada y guaguas de pan: una tradición que mantiene viva la memoria

Lo que comenzó como parte de antiguas prácticas ceremoniales terminó convirtiéndose en una de las expresiones gastronómicas más reconocidas del Ecuador. La colada morada y las guaguas de pan reúnen elementos de la cosmovisión andina, las costumbres coloniales y las celebraciones actuales del Día de Difuntos.

Su presencia también ha trascendido las fronteras. Para muchos ecuatorianos que residen en el extranjero, reencontrarse con estos sabores significa recuperar por un momento los aromas de noviembre, las reuniones familiares y los recuerdos de la infancia.

Quizá esa sea la curiosidad más importante de su historia: una bebida que nació vinculada a la memoria de los muertos continúa reuniendo a los vivos alrededor de una misma mesa.


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Gianella P
Gianella P
Redacción, edición y gestión de contenidos digitales

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